18 de septiembre

 Te esperé tanto, amor mío,

mucho más de nueve meses,

para tenerte conmigo, 

para amarte para siempre.

Te busqué en mis oraciones,

en la ciencia, en los doctores,

y llegaste así de pronto,

a sanar dos corazones.

Transformaste mi cuerpo,

mientras curabas mi alma,

en cada kilo y cada marca

me consumía la calma,

de saber que tu crecías,

de saber que eras fuerte.

de saber que se acercaba,

el día de conocerte.

Sentir tu pequeño cuerpo

viviendo dentro del mío,

fue en mi rostro la sonrisa,

fue la luz en lo sombrío.

Lento giraba el mundo

esperando tu llegada, 

largas fueron las noches

soñando con tu mirada.

 Imaginaba tu rostro 

mientras veía a tu padre,

que te llamaba en las noches

-¿Danita ya despertaste?-.

Y hoy a Dios le doy gracias,

de dormirte en mi regazo, 

de cumplir con sus promesas

de cargarte entre mis brazos.

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