Le gustaban las hortensias,
las confundía con grandes bombones de azúcar,
las regaba diariamente, en silencio.
Le gustaba sentir la tierra entre sus dedos, el aroma,
el sonido del agua escapando de la manguera,
las enormes gotas frías que brincaban a sus pies.
A veces leía, pero no libros sino nubes,
solía levantar su mirada cuidadosamente,
y a veces las seguía viendo en el cielo,
también se confundían con bombones de azúcar.
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