Aun queda algo, entre los desperdicios y restos de pasado que me miran fijamente, en el escombro y abandono sigue mi presente. Siento tu mirada fija atravesándome la espalda, me juzga sin conocerme, sin ver mi rostro, sin más. Me juzga y me duele, duele mi madre y sus heridas, duele mi padre que corría sumergido en su licor y su agonía. Duele sobre todo esta soledad sabor a muerte, que me acompaña y me ayuda a cargar estas mochilas, en donde guardo lo que soy mientras me busco un rumbo nuevo, donde tu desprecio y tu mentón no sobrepasen mi frente, donde tus ojos puedan mirarme y las miradas se encuentren, donde no se juzgue lo que guardo en mis mochilas sin antes verle.
Huyendo del prejuicio
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