Asunto cotidiano



Tenía prisa, pero no podía hacer nada para que el camión anduviera más rápido, así que decidí mirar por la ventana; los carros, personas caminando, algunos árboles, tiendas, edificios, casas, basura en cada esquina, la ciudad.

Tú llegas a mi relato dos calles después, fingí no mirarte, pero lo hice discretamente, sentado junto a mí podía ver al mundo en mi lado izquierdo, y en el derecho al tuyo, nervioso, movías tus sudados dedos de forma extraña, pude escuchar el sonido de tus huesos ante los bruscos apretones que mantenías con tus manos, mirabas a tu alrededor como un foráneo, búscabas algo pero no sabías donde, llevabas ese maletín azul marino bajo el brazo y te aferrabas a él como si tu vida dependiera de ello.Te seguí mirando pero nunca lo notaste, después de un brusco frenón te sujetaste con fuerza y no levantaste la mirada de nuevo, tu pie tocaba contra el piso una y otra vez, como si ese moviemiento tuviera algún efecto sobre el tiempo capaz de adelantarlo o detenerlo, te levantaste quince minutos después, confundido, parecías desorientado, estabas perdido y yo te perdí cuando abandonaste tu asiento, en la calle 25.

No hay comentarios: